miércoles, 9 de diciembre de 2015

ZONA DE CONFORT / CUADERNO DE CHENGDE_23


 09.10.2015 Viernes / 09:30h

Otra noche de mal, muy mal dormir. He decidido buscar hotel y si no encuentro uno asequible con aire acondicionado-calefacción, haré lo posible por cambiar el billete. Otro día de impecable cielo azul, ventoso y frío, frío. Escribo en la biblioteca para hacer tiempo y no ir a preguntar a los hoteles a primera hora -no se por qué-. Ya he preguntado en uno, pero he estado torpe y tímido y la chica de recepción se me ha quitado de encima con un “Hoy el hotel está completo”. Mentía, seguro, pero reconozco mi error de no entrar con paso firme, cabeza alta y hablando inglés a voces. Seguro que el resultado hubiera sido distinto. Aprender a no ahogarse en una gota de agua. A prender que la intemperie no es el Polo Norte. Aprender que las cuestiones de dinero se arreglan fácilmente … con dinero.

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Escribo sentado en la habitación del hotel que he encontrado, al tercer intento, aunque todavía no he podido copiar ni traducir su nombre. No es la quintaesencia de los hoteles, ni yo buscaba eso, pero es asequible en precio: 100 yuanes/noche. Mas o menos 14 yuanes y está en una zona céntrica pero tranquila. Tiene dos camas dobles y llego a la conclusión de que en los hoteles chinos no existen habitaciones de una sola cama. No tiene ventanas, pero las que he tenido hasta ahora sólo servían para despertarme a las cinco y media que es cuando empieza a amanecer aquí. Tampoco tiene una silla o un taburete, por eso para escribir tengo que usar las cuatro tablas de aglomerado forrado que hacen de mesilla. Tiene tv y espero que viendo/oyendo pueda aprender algo mas de chino. Las tardes de lluvia puedo dedicarlas a ver la tele. Me puse muy contento cuando encontré el hotel y que encajaba en mis cálculos y presupuesto. Pero la despedida del hostel ha sido triste. Les he explicado que por las noches, a veces, tengo fiebre y muchas toses, que duermo poco y mal y luego los días los paso destemplado, con frío y cansado. Han entendido que tengo que cuidarme y Huo Xin -hoy, por fin, se su nombre- ha querido devolverme la mitad del dinero que pagué. Le he dicho que no estaba obligado a hacerlo y después de una pequeña discusión hemos partido lo que me iba a devolver por la mitad. Y le he pedido que con la otra mitad le compre un regalo a su hija. En el último momento me ha dicho que podría usar la habitación con cama doble y baño incluido y hemos quedado que cuando me recupere tal vez vuelva. Ya veremos. He dedicado la tarde a deshacer la maleta, celebrar la cama y escuchar la tele. Ahora saldré a cenar. Mañana será otro día, pero parece que hasta la bronquitis y las toses han disminuido.
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