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domingo, 19 de febrero de 2017

LO DE LOS CÍNICOS.

Regresaba de Olimpia y alguien le preguntó si había allí mucha gente. Respondió:
-“Mucha gente, sí, pero pocas personas”
La secta del perro. Vidas de los filósofos cínicos Diógenes Laercio. Introducción de C. García Gual. Alianza, 2015

          La divisa, mejor dicho la evidencia, aparece turbadora y admirable por su vigencia, aunque se descubre incluso más si reconocemos que quien así respondió fue Diógenes (Grecia, Sínope, h. 404 a.C. – Corinto, 323 a. C.) que se incorporó al grupo filosófico de Antístenes, prosélito de Sócrates y que había erigido el movimiento de los cínicos. ¿Somos sucesores en gran parte de aquella sublevación moral, de aquella perturbación social e insurrección política, con las que se discrepaba y denunciaba todo lo que importaba en aquella sociedad que les tocó en suerte y que los cínicos la tenían y veían solo como degenerada y adulterada?
         Como gran parte de los griegos de entonces, Diógenes, aun siendo hijo del banquero Hicesias, carecía de hogar. Y la batalla (338 a.C.), en Queronea, entre el macedonio Filipo II y las ciudades estado griegas dirigidas por Tebas y Atenas hizo también que el sinopense fuese desterrado. Un filósofo errante que se autodeclaró ‘ciudadano del mundo’ y aplicó su hilarante e ingeniosa ironía para agredir a la gente distinguida y a aquella sociedad hipócrita que había convertido a algunos en adinerados con el trabajo, esfuerzo, calamidad y miseria de la generalidad de la población.




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“Ser y existir austeramente con lo exiguo. Su habitación, una tina; su miserable manto, para envolverse durante el sueño. Y el candil, para buscar hombres honestos”                


                 Es un mal endémico. Veinticinco siglos más tarde, la humanidad, en alguna ocasión, se ha arrogado también sus postulados, habiéndoles admirado, respaldado y, muchas veces, secundado. Ahora, parece que nuestras raíces ya no burbujean con los planes de estudio y la Filosofía es poco más que una atracción de feria. Y, sin embargo, es un reto. Porque la filosofía ayuda al adolescente, por ejemplo, en su demostración personal.
                 Tan injusto es que exista un síndrome que lleva su nombre, cuando no tiene nada que ver ese trastorno comportamental con la vida de Diógenes, como que haya pasado este a la historia y, en muchísima menor medida, su maestro filósofo Antístenes. De igual manera sucede con el origen de la escuela cínica. Cuando este último crea la escuela lo hace en el gimnasio y templo de El Cinosargo, κυνος αργος, ‘del perro blanco o ágil‘, lo que hace razonablela denominación o el mote con los que se les conocía a sus filósofos. También, hay quien sostiene que se les llamaba así, como insulto con el recurso de perro. Mejor atención podría tener el hecho de que vivían y morían como un perro -que en aquel momento no tenían estos los miramientos actuales-, solos, sin ninguna ayuda, abandonados. Más allá de las anécdotas sobre ellos y sobre Diógenes, los κυνικοί, los cínicos, eran con mayor justicia seres humanos que propusieron, y se atrevieron a llevarlo a cabo, alcanzar un modelo de actuación, de andar por la vida, mejor y contrario al común de las gentes, diferente en la busca del conocimiento.
http://artesycosas.com/wp-content/uploads/2017/02/maxresdefault.jpeg“Alejandro Magno (356-323 a.C.), ante Diógenes. Cuando le pregunta de dónde es, el filósofo le responde ‘Cosmopolita’ (quizás bautizando ese término). Embriagado el emperador por esta y otras respuestas, “…le dijo: “Pídeme lo que quieras.” Y le contestó: “No me hagas sombra.” Se dice que también Alejandro le declararía “…que, de no ser Alejandro, habría querido ser Diógenes”. Diógenes Laercio, Vida de los filósofos”
              Diógenes fue un filósofo privado en parte de cualquier motivo para que su comportamiento fuese cuerdo, aunque no de la lógica, su lógica. Y, como hombre coherente, no le gustaba agudizar sus contradicciones. Así, desposeído de lo que él creía la ‘buena vida’, la búsqueda del conocimiento y la sabiduría, se desposeyó de todo y se privó de los más elemental para vivir. Se empeñó en normalizar el interrogante sobre el conocimiento con la agudeza de su ingenio y sutileza, e independientemente del concepto que se nos ha hecho llegar del filósofo Sinopeo, a Diógenes le singularizará, como a los demás cínicos, la sensibilidad, el honor a la sabiduría -también mediante la educación- y la fuerza de su severidad.
        Alentaba, según su observación -que seguía con empeño y persistentemente hasta las últimas consecuencias-, sintiendo lo que pregonaba y recomendaba con su propia vida. Y lo hizo con ardor, señalando la trayectoria hacia ese estado de deseable placer tanto físico como espiritual, la εὐδαιμονία,eudaimonia, la plenitud de la existencia, valiéndose de la ἀρετή, areté, la  ‘excelencia‘. De alguna manera, la areté de los griegos viene a ser lo mismo que la virtus de los romanos, el valor, la energía, la perfección moral; lo que sí es evidente es que toda esta organización de vida chocaba totalmente con los ‘acuerdos‘ sociales. Mientras, ellos seguían con la vida ascética, ἄσκησις, áskêsis, ejercicio, disciplina, práctica.
 Platón. Diógenes criticó y parodió su concepto de educación, al tenerlo como ineficaz para el individuo"
  Platón. Diógenes criticó y parodió su concepto de educación, al tenerlo como ineficaz para el individuo”

         La importancia que tienen los Cínicos viene de su teoría del conocimiento, intrínsecamente adherida a su seña dinámica y, en consecuencia, a la alteración de un orden establecido y al descaro que lleva inherente. Pocos filósofos ha habido con ese espíritu de Diógenes contra los procedimientos y supremacía del poder y con esa batalla en beneficio de un ideal inédito de ser humano. El Sinopeo, después de tanto tiempo, sigue aún vigente. La colisión entre el ser y el deber ser sigue estando servida.

Compartido desde la revista Artes&Cosas.

miércoles, 15 de febrero de 2017

lunes, 23 de enero de 2017

NO HACER SISTEMA.

Hacernos cargo de nuestra realidad es el primer paso en la construcción de otras manera de vivir, distintas a las que dicta el sistema imperante
Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presentan de muy distinta manera. Puede ser que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en tren aplica los frenos de emergencia.
Walter Benjamin, Tesis sobre la historia (apuntes, notas y variantes)

Pyramid_of_Capitalist_System

Es posible que en ninguna otra época de la humanidad más que en esta en que ahora vivimos la sensación de crisis haya estado tan presente y haya sido, paradójicamente, tan constante. Esta última característica es contradictoria porque, en una acepción elemental, las crisis serían los puntos de quiebre de un proceso, momentos de inflexión en un desarrollo dado que, justamente por eso, tienen el carácter de extraordinario, fuera de lo normal o lo habitual, súbito incluso. Vivir en una crisis sostenida parece, entonces, un contrasentido, acaso incluso un absurdo, sin embargo…
¿Es posible vivir de otra manera? La respuesta a esta pregunta es sencilla, pues de algún modo es binaria: Sí o No. Como en el famoso topoema de Octavio Paz, estas dos palabras, que son posibilidades, se nos presentan como los escenarios potenciales de múltiples formas de vida que aun en esa diversidad innegable, pueden tener un denominador común: la cooperación o la resistencia. ¿Con qué? En pocas palabras, con el sistema que nos mantiene en crisis perpetua, con este horizonte de posibilidades esencialmente económicas que funciona sobre la base de la acumulación de la riqueza, la explotación del trabajo y la consecuente desigualdad económica. Cooperación o resistencia.
A continuación compartimos 9 puntos orientados a dejar de cooperar en esa forma de vida y, a cambio, resistir, no vana, adolescentemente, sino como el primer paso que conduzca a la construcción de otro modo de ser y estar en el mundo. 

1. Cuestiona
En la filosofía occidental, uno de los principios vivificantes fundamentales ha sido la duda, esa operación de la inteligencia por medio de la cual nos preguntamos si eso que vemos, escuchamos o creemos entender es cierto, verdadero, real, si acaso no se trata de un mensaje que podríamos tomar en otro sentido. El cuestionamiento es notablemente útil cuando lo aplicamos a aquello que parece más evidente, más normal. La duda, por otro lado, no es meramente teórica, también puede dar paso a su correlato práctico, de acción política. Descartes puede ser uno de los mejores ejemplo a este respecto: comenzó dudando, pero de ahí pasó a estructurar todo un sistema de pensamiento que, a la postre, dio pie a buena parte de la manera en que ahora aprehendemos la realidad (esa fue su acción política, en el sentido amplio de este término). La sociedad funciona en buena medida sobre narrativas que otros construyen y que otros más sólo llegan a habitar. ¿Cuál es la tuya? ¿Es netamente tuya o de qué fragmentos está hecha?

2. Desconéctate
Actualmente, el binomio conectar/desconectar es uno de los más presentes en nuestro actuar cotidiano, aunque quizá no con tanto dinamismo como tal vez suponemos. Es posible, en efecto, que muchos de nosotros más bien estemos de continuo conectados y sólo muy de vez en cuando, acaso nunca, nos desconectemos realmente. Tu teléfono móvil, tu trabajo, relaciones personales y sociales que te mantienen en el statu quo, etc. Romper con eso es, en cierta forma, romper también con el miedo, atravesar una membrana, quizá incluso dar un salto en el vacío, ¿pero no sería esto deseable al saber que del otro lado nos espera la construcción gradual de nuestra propia libertad?

3. Evita la distracción
Desde que el poder comenzó a conformarse como tal –es decir, como un elemento que posibilita la sujeción de la mayoría en manos de una minoría, sus detentores encontraron en el entretenimiento un medio efectivo para evitar que la muchedumbre cuestionara la legitimidad de su autoridad. La famosa locución latina panem et circenses (original del poeta romano Juvenal) condensó para la historia este método de control sobre las masas y los individuos. En nuestra época ese circo es permanente, lo tenemos literalmente al alcance de la mano y siempre ante nuestros ojos, en la multitud de pantallas que se iteran infinitamente adondequiera que miremos. La “sociedad del espectáculo” que conceptualizó el situacionista francés Guy Debord es hoy más vigente que nunca: por todos lados se nos ofrece un “espectáculo” que consumir, el cual, además, se presenta bajo el aura de lo urgente, lo necesario, lo imperdible. Todo, además, es susceptible de recibir dicho tratamiento espectacular: desde miles o millones de videos de YouTube con personas semidesnudas echándose un balde lleno de hielos hasta la manera en que el presidente de un país usa unos calcetines. Pero si a esto que es banal se da el trato de importante, ¿de qué nos están distrayendo? ¿Qué es lo que realmente está pasando?

4. No votes por ningún partido político
A pesar de sus lineamientos y sus programas, sus discursos, sus promesas y sus supuestas ideologías, los partidos políticos no son otra cosa que engranajes del mismo sistema. Es cierto: el acercamiento a la realidad de un partido de derecha y de otro de izquierda puede ser diferente, pero al final, en un sentido estructural, ninguno buscará cambiar realmente el estado de las cosas. ¿Por qué? Simple: porque hacerlo significaría su propia desaparición. Los partidos políticos son parte de esa minoría que no hace otra cosa más que repartirse el poder, participar en ese juego de suma cero en que ganar algo significa quitarle a otro la posibilidad de tenerlo. La alternativa, en este sentido, es la autoorganización, la convivencia política cotidiana entre pares, no bajo la sumisión de un politburó.

5. Aprende a discernir
“Ningún hombre es una isla”, escribió atinadamente John Donne. Nadie puede vivir aislado y, en efecto, la comunicación es un impulso natural del ser humano, gregario por esencia. Esto, sin embargo, no significa que no podamos elegir con quién juntarnos, por decirlo de alguna manera. Todos los medios masivos de comunicación tienen su propia agenda, sus intereses corporativos y de grupo. Infórmate sobre éstos. Consulta una noticia importante en distintas fuentes y date cuenta de las diferencias con las que se presenta la información. La palabra “manifestantes” no tiene las mismas implicaciones que “inconformes” o “vándalos”, con todo, distintos medios pueden usarlas para contar el mismo hecho. En casi todos los casos, los grandes consorcios de medios apuestan por la conservación del statu quo, lo cual implica que sean aliados de las clases dominantes, que perpetúen el discurso hegemónico, que releguen a las minorías, etc. Leer no es únicamente repasar palabras o imágenes para aprehender uno de sus significados, sino distinguir también eso que se encuentra entre líneas.

6. No formes parte de ningún ejército
En pleno siglo XXI, más de 500 años después de las utopías optimistas del Renacimiento, el ser humano continúa viviendo en guerra. La industria de las armas es una de las más rentables de nuestro tiempo y todos los días ocurre en el mundo un acto violento relacionado con su mercancía de muerte. Millones de personas enlistadas, muriendo y matándose con el único propósito último que ni siquiera le concierne a ellas, sino a las personas en el poder: preservar el statu quo. Este punto, sin embargo, también tiene un sentido metafórico. ¿No somos también un ejército de consumidores que se encaminan voluntariamente a la compra desenfrenada de cuanto artilugio se encuentra en el mercado? ¿No hay otro tipo de ejércitos no necesariamente provistos de armas de fuego que también guerrean por el sistema y defienden sus causas?

7. Es tu salud, cuídala tú (no la industria farmacéutica)
Estamos vivos: enfermarnos es inevitable. Con todo, ello no implica que abdiquemos de la responsabilidad de nuestra propia salud para cedérsela a la poderosa industria de los fármacos, que ha convertido el decaimiento natural de nuestro cuerpo en su propio negocio. Cuida tu alimentación, realiza cotidianamente alguna actividad física, cultiva tus relaciones personales, cuando sea posible opta por alternativas tradicionales y naturales de sanación (que, por otro lado, en muchos casos son antiquísimas: el ser humano no siempre se “curó” con medicinas), no creas todo lo que te dice la industria farmacéutica. En una palabra: hazte cargo de tu cuerpo (y tu espíritu).

8. Evita los alimentos industrializados
La guía más sencilla a este respecto la dio recientemente el nutriólogo Michael Pollan en una sola línea: “Si viene de una planta, cómelo; si fue hecho en una planta, evítalo”. La industrialización de los alimentos conlleva el añadido de peligrosos componentes que les permiten durar más (conservadores), tener un aspecto más atractivo (colorantes artificiales) o un gusto distintivo (saborizantes) e incluso resultar de una producción más rentable (organismos genéticamente modificados). Sin embargo, la consecuencia no dicha de este proceder es que esos aditivos empleados pueden resultar tóxicos en el largo plazo para el ser humano, provocar enfermedades terribles como el cáncer, volvernos adictos a una sustancia (el azúcar o el glutamato monosódico, por ejemplo), etc. En suma, trastornar nuestro cuerpo. Antes recomendamos cuidar tu alimentación, pero quizá sería mejor precisar eso en “atiende tu alimentación”: pon atención en qué estás llevando al interior de tu cuerpo, con qué lo estás haciendo vivir. ¿Regarías una planta diaria y exclusivamente con una bebida gaseosa altamente azucarada? ¿Se la darías de beber a tu perro? ¿Por qué lo haces contigo?

9. Deja de consumir
Este es quizá el punto menos sencillo de todos. Estamos inmersos en un sistema que en 1 siglo ha convertido el consumo en una de las etapas fundamentales de su dinámica de funcionamiento. El consumo ha adquirido tal importancia que prácticamente se encuentra en todas las acciones posibles de nuestro actuar: consumimos información, alimentos, mercancías, estímulos e incluso las relaciones personales, las emociones y los sentimientos son susceptibles de convertirse en objetos de consumo. Como los estoicos, podríamos probar a vivir con lo menos posible (materialmente hablando), sin embargo, esto no es suficiente. El consumo es también una suerte de mindset, un fragmento del aparato ideológico con el cual aprehendemos, habitamos y experimentamos el mundo. Una forma de ser y estar. La alternativa quizá sea entender eso de otro modo. Darnos cuenta, por ejemplo, de que no todo lo que se rompe tiene forzosamente que desecharse y reemplazarse de inmediato. Que no porque algo se produzca tiene necesariamente que consumirse. Que el bienestar auténtico descansa en un puñado de bienes (algunos materiales, inevitablemente, otros muchos no).

Tomado de Pijamasurf.com - Noticias e Información.


jueves, 15 de diciembre de 2016

¡FILOSOFIA A LA CALLE!

 Marina Garcés pide una nueva filosofía para una nueva sociedad.
Marina Garcés (Barcelona, 1973) tiene alma de guerrillera y formación de filósofa. Es una voz de referencia para entender la necesidad de la filosofía en los días de su ostracismo de las aulas. Galaxia Gutenberg ha publicado Fuera de clase, la reunión de dos años de artículos explosivos en el diario Ara, una fuente de pensamiento urgente para ubicarnos en un mundo que cuesta entender. Fuera de clase la inquietud y el malestar crecen, fuera de clase es donde la filosofía se hace carne ante la necesidad de preguntar radicales y de conocimientos capaces de superar “el dictado de la actualidad”.
La propuesta de Garcés, siempre estimulante y sin grasa retórica, para vivir con dignidad ante las dudas y los problemas es revolucionaria: confiemos en la fuerza transformadora del pensamiento. “Es una fuerza personal y colectiva, íntima y pública, singular y plural, irreductible y comunicable. Pero sobre todo es una fuerza igualitaria: todo el mundo es capaz de usarla”. Adelante, a pensar.

¿A la filosofía le falta calle?
Sí, a la filosofía le falta calle y a la vez la calle es la que está renovando hoy el interés por la filosofía. Cuando las leyes e instituciones educativas arrinconan su presencia en las aulas, desde lo social se despierta y se activan nuevas maneras de relacionarse con el pensamiento filosófico.
¿Y le sobra clase (académica)?
¡Ojalá le sobrara clase, en el doble sentido de altura de miras y de horas de clase! Creo en la filosofía dentro y fuera de clase, pero esto implica repensar la manera como se ha enseñado hasta hoy.
Propone abandonar la clase, ¿pero para qué?
No propongo abandonar la clase. En mi libro hay una propuesta de salir de clase con todo el arsenal de ideas, textos y referencias que han quedado capturadas por una aproximación meramente académica a ellas. Y de volver a clase con el compromiso adquirido de no quedarse ahí.
¿La filosofía debería ser más populista? ¿Necesita regenerarse?
No me gusta la palabra populismo, lo confunde todo y no de manera inocente. Creo que la filosofía puede ser más popular, que es otra cosa. La filosofía es radicalmente igualitaria: nace contra el monopolio del saber por parte de sacerdotes, legisladores o sabios. Nos viene a decir: todos deseamos igualmente saber y podemos hacerlo. Y eso implica que los saberes se diversifiquen y tengan que poderse poner en discusión.
¿Cómo hacer de la filosofía un recurso intelectual más accesible?
Hemos confundido accesibilidad y divulgación. La divulgación puede ser necesaria para determinados lenguajes científicos, muy especializados. Pero la filosofía no necesita ser divulgada, es decir, traducida a un lenguaje para no iniciados. Necesita ser compartida. Es decir, partir de la convicción de que los problemas que plantea son problemas comunes, abiertos a múltiples aproximaciones.
¿El aislamiento de la filosofía es su peor enemigo?
La mejor manera de neutralizar la potencia crítica e igualitaria de la filosofía es aislarla y convertirla en una exquisitez elitista o en un tecnicismo para especialistas que sólo hablan entre ellos. Hoy, esto está pasando bajo la nueva dictadura académica de tener que escribir solamente en revistas académicas y a poder ser en inglés.
¿Por qué creemos que podemos educarnos sin ella?
Porque estamos orientando la educación hacia el adiestramiento en determinadas competencias que hay que ejecutar con eficacia, pero sin interrogar acerca de sus condiciones, ni de su porqué. Gestionar información, usar las nuevas tecnologías independientemente del contenido, ejecutar proyectos porque sí… Desde esta concepción de la educación, tan procedimental, la filosofía, como actividad del pensamiento que abre problemas nuevos, se vuelve irrelevante.
¿Por qué no ha logrado ocupar un lugar de privilegio en la sociedad capitalista?
La sociedad capitalista se construye sobre un sentido único de lo que es el valor: el valor es el beneficio y el beneficio se entiende como aumento del capital, ya sea patrimonial, inversor, de una familia, de una empresa o de un país. No puede haber espacio, por tanto, para la disputa entorno a qué tiene valor y sentido, respecto a qué entendemos por riqueza o por cuál es la relación que podemos establecer con ella. Sólo hay una: la competencia. Aunque se plantee incluso hoy como una competencia colaborativa, sigue siendo competencia.
¿Por qué un país decide renunciar a sus estudios filosóficos? ¿Qué consecuencias puede acarrear?
Vivimos en un país de rebajas: rebajas salariales, rebajas en derechos sociales y políticos, rebajas en ambiciones culturales, rebajas en los imaginarios colectivos… La filosofía no acepta rebajas: requiere de una humildad ambiciosa, que es la de aceptar que no lo sabemos todo, pero que siempre podemos ir más allá. Es una actitud muy poco presente y cuando lo ha sido, rápidamente castigada, en la historia de este país.
Según la RAE, “filosofar” es “meditar” y “hacer soliloquio”. ¿La filosofía ha mirado los problemas desde la barrera?
La filosofía requiere de una distancia que no es neutral, sino crítica. Cambia el punto de vista normal, habitual, ya aceptado por el sentido común. Desencaja nuestra relación habitual con lo que somos, con lo que vemos, con las palabras que usamos. Pero esta distancia es la condición para un compromiso más veraz. El problema es cuando se convierte en un refugio o en una zona de confort. Entonces, aunque se usen términos o referencias filosóficas, ya no se está haciendo filosofía.
¿Necesitar regenerarse? ¿La filosofía puede dejar de filosofar y pasar a la acción?
La filosofía es acción, porque es la confianza en que la palabra y el pensamiento, si son verdaderos, transforman la vida: la vida íntima y la vida colectiva y política. Toda filosofía que no aspire a esto es un simulacro.
¿Por qué piensa que la filosofía es una práctica de guerrilla? ¿Cuál es el marco de acción de la filosofía?
Hablo de filosofía de guerrilla porque entendiendo que la filosofía no tiene un lugar propio, sino que es la pregunta que aparece siempre allí donde no se la espera. Y que su práctica no se basa en la representación o en el reconocimiento sino en la liberación. Igual que las guerrillas liberan pueblos y territorios tomados, la práctica de la filosofía libera las palabras codificadas por el poder, ya sea político, económico, cultural o mediático.
¿La filosofía es un mecanismo contra el control?
Se puede usar la tradición filosófica como herramienta de control, crear ismos dogmáticos y autoridades incuestionables. Pero de nuevo, ya no estamos hablando entonces de filosofía. La filosofía no aspira al control sino a la crítica y a la transformación de nosotros mismos. Para ello es preciso el aprendizaje, la disciplina, la exigencia y el esfuerzo, pero no el control.
¿Cómo encontrar entonces palabras nuevas para un nuevo mundo?
El mundo no es nunca nuevo del todo, pero siempre se está transformando. Lo mismo ocurre con las palabras. Están en constante desplazamiento y la pregunta filosófica tiene que ver con la posibilidad de interrogarnos críticamente sobre esos cambios y tomar posición respecto a ellos: ¿dónde apuntan y a quién sirven? ¿Qué batallas esconden? ¿Cuáles son sus efectos de dominio y de liberación? Por eso la filosofía se hace poniendo el cuerpo y exponiendo la vida a los efectos de las palabras y de los usos que hacemos de ellas.

lunes, 12 de diciembre de 2016

OSCURO FUTURO EL TUYO, HUMANIDAD.

Con libros como ‘Sapiens. Breve historia de la humanidad’, el joven historiador israelí Yuval Noah Harari (1976) ha sido leído y recomendado por lectores como Barack Obama o Mark Zuckerberg. La élite de la élite que puede hacer realidad, o no, los negros presagios sobre el futuro de nuestro género que plantea en ‘Homo Deus. Una breve historia del mañana’ (Debate / Edicions 62), el libro sobre el que este martes debatirá con Jorge Wagensberg en el ciclo Converses a la Pedrera (19 horas, entradas agotadas). En él expone que en el último siglo la humanidad ha reducido drásticamente el hambre, ha retrasado la muerte y acotado las guerras. Ese proceso puede seguir progresando para conseguir más felicidad (pero gracias a la bioquímica) y más longevidad (para unos pocos) hasta llegar a crear una nueva figura, el ‘Homo deus’, con capacidades que nuestros ancestros reservaban a los seres divinos. Pero ese planteamiento aparentemente optimista es un ‘macguffin’, y la historia puede ir por otros derroteros, mucho más funestos. Y es que uno de los méritos de Harari es su habilidad para utilizar recursos narrativos…

"En un mundo con castas biológicas, las ideas fundamentales de la democracia pueden quedar obsoletas"

Así que de optimismo nada, ¿no? El primer capítulo del libro es una historia simple, la que nos suelen explicar científicos y futurólogos sobre lo que sucederá en los próximos 100 años. Una simple proyección del presente sin grandes cambios. En el pasado conseguimos superar el cólera, el tifus y la tuberculosis y ahora venceremos el cáncer y el alzhéimer y encontraremos la manera de rejuvenecer el cuerpo. Pero en la mayor parte del libro lo que hago en realidad es complicar la historia. No solo porque vaya a haber imprevistos sino porque los ideales fundamentales que nos impulsaron en esta dirección están en peligro, pueden colapsar. En el próximo siglo encararemos no solo cambios tecnológicos sino también ideológicos. Y la idea de que podemos mantener los valores humanísticos que han sido predominantes durante el siglo XX, solo que con una mejor tecnología para hacer realidad estos ideales, es muy naïf.
¿Así, la libertad, la democracia, los derechos humanos, cree que son valores que corren peligro? Sí, por supuesto. Las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados, como ‘un hombre un voto’, en un mundo con castas biológicas, ciborgs e inteligencia artificial pueden quedar completamente obsoletas. Los superricos podrán conseguir para sí mismos o para sus hijos capacidades que les harán superiores a la población media, que no podrá competir, y la brecha se hará cada vez mayor. Hoy no, y por eso el hijo de un pobre aún tiene alguna oportunidad. Cuando haya estas diferencias biológicas no tendrá ninguna.

"Debemos ser realistas: durante la mayor parte de la historia, la gente ha sido insignificamente para las élites"

Quedémonos de momento dentro de esta narración que dice que viviremos más y nuestra especie mejorará. Toda la humanidad no se convertirá en ‘homo deus’. Solo unos pocos. ¿Y los demás? Durante el siglo XX la igualdad fue quizás el valor más importante de la humanidad. En gran parte, la historia del siglo XX es una historia de victorias, incompletas por supuesto, sobre la desigualdad. El mundo es ahora mucho más igualitario entre razas, entre clases, entre géneros, incluso entre padres e hijos. Esto ahora quizá va a invertirse. Veremos mayores desigualdades que en cualquier otro momento de la historia. Podremos ver a una pequeñísima minoría de personas que monopolice el poder económico y político, los algoritmos y la tecnología, y utilice este enorme poder para empezar a mejorar biológicamente y crear clases biológicas. Esto es abstracto, así que podemos poner un ejemplo: pensemos por ejemplo en los coches con pilotaje autónomo. Serán casi inevitables en los próximos 10 o 20 años. Hoy, millones de personas comparten las decisiones sobre la movilidad. Taxistas, conductores, profesores de autoescuelas, guardias de tráfico… Dentro de 20 años todos los vehículos estarán conectados a una única red que estará controlada por un único algoritmo. ¿Y quién será el propietario? Quizá una corporación como Google controlará toda la red de transporte de Barcelona. Ese es el tipo de monopolización del poder que puede venir.

"No creo que las personas vayan a ser criadas en granjas como en 'Matrix'... las máquinas no necesitan comer personas"

Usted dice que en esa sociedad la clase mayoritaria pasaría a ser la de los innecesarios. El momento más inquietante del libro es cuando usted plantea que ya hay un modelo de cómo sería esa relación entre superhombres y homo sapiens: la forma como hoy nosotros tratamos a los animales. Bueno, me parece que no se los comerán, no creo que lleguemos a eso. No creo que la gente vaya a ser criada en granjas como en ‘Matrix’, eso no es realista… las máquinas no necesitan comer personas. Lo que quiero dar a entender es que en el siglo XX las mejoras en la vida del humano medio se produjeron sobre todo debido a que los gobiernos, en todo el mundo, establecieron sistemas masivos de educación, salud y del estado del bienestar. Hasta Hitler necesitaba que millones de alemanes estuvieran en condiciones de servir en la Wehrmacht y trabajar en las fábricas. Tenía sentido invertir en su bienestar. En el siglo XXI las élites perderán sus incentivos para invertir en la salud, la educación y el bienestar de la mayoría porque la mayor parte de la gente será innecesaria. Esto no significa que los vayan a exterminar de forma activa, solo que los gobiernos invertirán cada vez menos en ellos. Y esto ya está sucediendo ahora en el todo el mundo.
¿El futuro se parecerá a esas sociedades del pasado en que el 20% de la población podía morir de hambre sin que se inmutaran en el palacio real? Podría ser algo así. Tenemos que ser muy realistas: durante la mayor parte de la historia, la mayor parte de la gente ha sido insignificante para las élites y los centros de poder. Hemos vivido en una sociedad muy especial, en la que solo durante los siglos XIX y XX las masas han sido vitales para la economía y por lo tanto han tenido derechos. Que ya no sean necesarias por razones económicas o militares tendrá consecuencias desastrosas sobre las personas.
Hubo otra razón: leyeron a Marx, creyeron en la amenaza de una clase obrera organizada y reaccionaron preventivamente. Tienes el argumento ético, que debería ser suficiente, pero me temo que no lo es. Marx escribía en el siglo XIX bajo la idea de que el proletariado era el elemento imprescindible para la economía. Y que la huelga general era su arma irresistible. Pero ahora es irrelevante. La mayoría de las personas serán económicamente innecesarias. ¿A quién le importa que hagan huelga los mendigos? ¡Los algoritmos no van a la huelga!
¿Hay hoy alguna amenaza que disuada al poder de dejar a la mayoría de población a la intemperie? No lo sabemos. Cuanto más globalizada y automatizada es la economía, menor es el poder de la clase obrera. Creo que esta es una de las razones por las que la gente vota a Donald Trump en EEUU, por el Brexit en el Reino Unido o por los nuevos partidos en España, Grecia e Italia. La gente se da cuenta de que está perdiendo su poder e intenta desesperadamente demostrar al sistema que aún lo tiene votando todo tipo de políticas antiestablishment. Pero temo que es un gesto. No consigo adivinar cuál puede ser la amenaza que pueda invertir esa concentración de recursos que hace que las 60 personas más poderosas tengan más riqueza que el 50% de la población mundial, 3.500 millones de personas.

"Iremos cediendo poder de decisión pero no porque lo imponga un poder dictatorial, sino que lo haremos voluntariamente"

Le pone nombre a ese futuro amenazante. Dataísmo. ¿Cómo lo define? Para dar una definición breve: dataísmo es la situación en la que, con suficientes datos biométricos sobre mí y suficiente poder computacional, un algoritmo externo puede entenderme mejor de lo que yo me entiendo a mí mismo. Y una vez existe este algoritmo, el poder pasa de mí, como individuo, a ese algoritmo, que puede tomar mejores decisiones que yo. Esto empieza con cosas simples, como el algoritmo de Amazon que te propone libros, o los sistemas de navegación que nos dicen qué camino tomar. Eran decisiones que tomábamos basándonos en nuestros instintos y conocimientos. Ahora la gente cada vez confía más en aplicaciones y sigue instrucciones del teléfono móvil. Y esto irá pasando también en decisiones más importantes, cómo en qué universidad estudiar, a quién votar… Iremos cediendo poder de decisión, y no porque lo decida un poder dictatorial, sino que seremos nosotros quienes querremos hacerlo. Hay departamentos de policía de EEUU en los que es un algoritmo el que decide dónde se debe desplegar a los patrulleros en función de los patrones de delincuencia, no un sargento veterano como antes. Tengo un amigo en Israel que está investigando en una inteligencia artificial que actúe como tutor de los niños las 24 horas del día y les enseñe todo. Por supuesto los algoritmos no acertarán en el 100% de las ocasiones… pero no lo necesitan, solo necesitan ser mejores que un humano medio, y eso no es tan difícil.
Dice usted que este es solo un futuro posible. ¿Qué posibilidades tenemos de hacer que no sea así? ¿Hacer nuestros datos tan opacos como sea posible? ¿Confiar en nuestras propias habilidades? Aún tenemos mucho margen para elegir cuánta autoridad ceder a nuestro móvil. Pero hay un campo en el que será muy difícil resistir a esta evolución, el de la medicina. En 20 o 30 años, el tipo de cuidados médicos que podrás recibir si renuncias a tu intimidad será tan, tan superior al que tenemos ahora que muy poca gente elegirá preservar su privacidad. Si un Googledoctor puede monitorizarte 24 horas al día, todo lo que sucede en tu cuerpo, y puede reconocer el inicio de una gripe, de un cáncer o un alzhéimer cuando sea tratable, y has de elegir entre intimidad y salud, el 99% de la gente elegirá salud y le dará permiso al Googledoctor. Tomemos otro ejemplo: la gente dice que el futuro de la moneda es bitcoin, que eso será irresistible. Pero una economía basada en el bitcoin hará perder a los gobiernos cualquier capacidad de política monetaria y de garantizar el pago de los impuestos. No creo que sea inevitable. Aún tenemos la posibilidad de tomar otras decisiones políticas: por ejemplo desarrollar una divisa electrónica controlada por los gobiernos, con sus ventajas pero sin anonimato. Aquí podemos elegir entre dos futuros muy distintos.

"Mi temor es que el cambio climático será una catástrofe ecológica de la que las élites saben que se podrán salvar"

Usted dice que en su libro expone una “predicción histórica”. Parece una contradicción entre términos. Y muchos historiadores no estarán de acuerdo con usted en que su trabajo sea el de especular con escenarios alternativos, ni en el pasado ni mucho menos en el futuro. ¿Cómo entiende usted la labor del historiador? Creo que el papel del historiador es el de plantear diferentes posibilidades. La mayoría de la gente, cuando observa el mundo, cree que lo que ve es natural, inevitable. Los historiadores somos importantes porque reconstruimos el proceso por el cual el mundo ha llegado a ser como es, cómo el capitalismo y el Estado Nación son las formas de organización dominantes hoy, y entendemos las fuerzas que nos han llevado hasta aquí y también los accidentes que han ocurrido durante este proceso y las alternativas que podrían haberse hecho realidad. Porque los historiadores no ven el presente como algo natural y eterno. Debemos utilizar este conocimiento para mirar hacia el futuro con una perspectiva más abierta, para darnos cuenta de que hay alternativas a los sistemas políticos, económicos y sociales que dominan el mundo hoy. Y esto es lo que intento hacer. No predecir el futuro, algo que es imposible, sino abrir mentes y pensar de una forma más creativa sobre el futuro.
Habla de las guerras y el hambre en África como problemas a corto plazo, y del cambio climático como una preocupación a medio plazo, pero parece que le da menos importancia que a las amenazas a largo plazo de esa sociedad de la inteligencia artificial. ¿Pero llegará, si finalmente el agua nos llega literalmente al cuello? Mi temor es que el cambio climático puede destruir la mayoría de sistemas ecológicos, la mayoría de los animales y plantas, la mayoría de la gente, pero que la ciencia y la tecnología serán capaces de salvar a las élites. Así que el el calentamiento global puede acelerar ese proceso del que estábamos hablando. El peligro es que la élite política y económica, ni que sea de forma inconsciente, siente que podrá escapar de ese desastre ecológico.

lunes, 21 de noviembre de 2016

¿POPULISMO? ¿CUAL DE ELLOS?


El concepto de Populismo: una posición

Jorge Alemán
Psicoanalista y escritor
En: Público.es 18.11.16
“El Populismo es Marx más la construcción contingente de un sujeto de la emancipación a partir de los antagonismos instituyentes de lo social. Donde debe incluirse siempre el análisis de la lógica del Capital y su reproducción ilimitada. Si no se incluye el análisis de la construcción populista en el marco histórico de la estructura del poder capitalista contemporáneo es imposible construir y asumir los verdaderos antagonismos. Por esta razón, considero que el verdadero populismo sólo puede ser de izquierda.
Una izquierda para la que la palabra revolución y su sujeto histórico ya no tienen eficacia simbólica alguna y, por tanto, la nueva radicalidad, el ir “a la raíz de las cosas” es pensar una nueva lógica emancipatoria, puesto que ya no dispone de entrada de un sujeto asegurado. En definitiva, el proyecto populista emancipador debe intentar inventar y construir un sujeto con todos aquellos que son alcanzados por la terrible erosión de los vínculos sociales generados por la marcha incesante de Capitalismo.”
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POPULISMO según Wikipedia: 
El concepto de populismo deriva de pueblo y literalmente denomina a las corrientes políticas que buscan el apoyo de las clases populares.1 Se trata de un concepto difícil de definir con exactitud, con el que se designan realidades diferentes.2 El uso del calificativo «populista» se hace habitualmente en contextos políticos y de manera peyorativa, sin que del término se desprenda por sí mismo una evidente identificación ideológica —dentro del espectro izquierda-derecha—.3 También se ha aplicado en contextos religiosos para calificar a la teología de la liberación4 y a la teología del pueblo,5 6 así como para referirse a la acción política de los grupos económicos concentrados, con la expresión "populismo del capital".7
Populistas a la derecha, populistas a la izquierda. Quien dice «populismo» se adentra en un terreno difícil... En todo caso, el concepto de populismo es peyorativo.... Hablamos entonces de demagogia, y la demagogia tiene un gran repertorio de métodos.
Quienes piensan que el populismo constituye una corriente política con características objetivas, destacan aspectos como la simplificación dicotómica, el antielitismo (propuestas de igualdad social o que pretendan favorecer a los más débiles), el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, la movilización social, el liderazgo carismático, la imprevisibilidad económica, el oportunismo, etc.9 10
Una parte importante de los estudios latinoamericanos cuestiona el uso eurocéntrico y universalizador del término «populista», cuando se aplica a corrientes políticas latinoamericanas, obviando el estudio puntual y las circunstancias históricas particulares de las mismas.

jueves, 17 de noviembre de 2016

EPIDEMIA DE ENFERMEDADES MENTALES.

Bienvenidos a la distopía post-hobbesiana: una guerra de todos contra sí mismos.
Por George Monbiot columnista de “The Guardian” de Inglaterra.
Las epidemias de enfermedades mentales están aplastando las mentes y los cuerpos de millones de personas. Es hora de preguntarse… hacia dónde nos dirigimos y por qué?
¿Qué mayor acusación a un sistema puede haber que una epidemia de enfermedades mentales? Sin embargo, las plagas de ansiedad, estrés, depresión, fobia social, trastornos de la alimentación, la auto-lesión y la soledad, ahora golpean a la gente en todo el mundo. Las últimas cifras de la salud mental de los niños en Inglaterra son catastróficas y reflejan una crisis global .

Hay un montón de razones secundarias por las cuales aparecen estas dificultades, pero me parece que la causa subyacente es la misma en todas partes: los seres humanos, esos mamíferos ultra-sociales, cuyos cerebros están diseñados para responder empaticamente a otras personas, se están aislando aparte. El cambio económico y tecnológico juegan un papel importante, pero también lo hace la ideología. Aunque nuestro bienestar está intrínsecamente ligada a la vida de otros, en todas partes se nos dice que vamos a prosperar a través del auto-interés competitivo y el individualismo extremo.
En Gran Bretaña, los hombres que han pasado toda su vida en cuadriláteros tales como – la escuela, la universidad, los bares, el parlamento – nos enseñan continuamente a como mantenernos de pie. El sistema educativo se vuelve más brutalmente competitiva cada año que pasa. El empleo es una lucha hasta el borde de la muerte contra una multitud de otras personas desesperadas, que van en busca de menos puestos de trabajo disponibles. Los supervisores de los pobres modernos atribuyen la culpa individual a las circunstancias económicas que se viven. Un sinfín de competencias por televisión alimentan, imposibles aspiraciones de contratos que ofrezcan una oportunidad real.
 

martes, 15 de noviembre de 2016

APRENDIENDO DE ZYGMUNT BAUMAN

“Los suecos han perdido las habilidades de la socialización. Al final de la independencia no está la felicidad, está el vacío de la vida, la insignificancia de la vida y un aburrimiento absolutamente inimaginable”.

lunes, 7 de noviembre de 2016

APRENDIENDO DE ZYGMUNT BAUMAN.


“Como estamos padeciendo una crisis detrás de otra, no prestamos atención a lo que es definitivo: no podemos seguir viviendo como vivíamos, no podemos consumir como antes. Y eso es un hecho. Hay que olvidar de una vez que la felicidad esté relacionada con la adquisición de bienes”.

viernes, 4 de noviembre de 2016

APRENDIENDO DE E. FROMM

La sociedad de masas, a su parecer, convertía al hombre en una mercancía: «su valor en cuanto persona radica en su carácter vendible y no en sus cualidades humanas de amor y razón o sus capacidades artísticas».

sábado, 21 de mayo de 2016

OBLIGATORIO SOLO EN USA. POR AHORA

Nuevo uniforme obligatorio de trabajo, para no tener que interrumpir la cadena de producción.
 

jueves, 14 de abril de 2016

14 DE ABRIL: DIA MUNDIAL DE LA UTOPIA. INTERNATIONAL UTOPIA DAY.

(English/Français below/dessous)
 Hoy es el día de lo inútil. De lo que no sirve para nada ni es rentable. De lo que no se compra ni se vende. De lo que nunca se alcanza ni se posée. Día por tanto del deseo y la esperanza. De la ilusión y los sueños, de les iluses y les soñadores, de les utópiques.

Today is the day of the useless. What it is useless nor is profitable. What can not be bought or sold. What it is never reached or possessed. Day for both the desire and hope. Of illusion and dreams, and they iluses them dreamers, of them utopian.
Aujourd'hui est le jour de l'inutile. Ce qu'il est inutile ni rentable. Qu'est-ce que ne peut pas être acheté ou vendu. Qu'est-ce qu'il est jamais atteint ou possédé. Journée à la fois le désir et l'espoir. De l'illusion et le rêve, et ils les iluses rêveurs, d'entre eux utopique.

 

martes, 29 de marzo de 2016

DESMONTANDO A FREUD.

Un libro realmente necesario y fácil de conseguir, gratis, en .pdf. Absolutamente recomendable para desaprender las nefastas invenciones del psicoanálisis freudiano y sus secuelas.

miércoles, 2 de marzo de 2016

DARYA VON BERNER EN EL MATADERO.

Que Darya von Berner tiene buenas ideas nadie lo duda a estas alturas. Que en el caso de Matadero Madrid (¡Horror de nombre!) el resultado es pobre, también salta a la vista. ¿Falta de presupuesto? ¿Falta de ideas?




miércoles, 17 de febrero de 2016

UN REFLEXION MUY LÚCIDA.

 Copio a continuación un texto de Tomás Ruiz Rivas -Antimuseo- que comparto totalmente, por su lucidez y pertinencia.
LA CIUDAD DE LAS COCES
(o cómo se rompió el discurso cultural del Ayuntamiento)
Manuela Carmena quería convertir Madrid en la ciudad de los abrazos. Ha descubierto muy pronto que Madrid es en realidad la ciudad de las coces, de las patadas donde más duelen. La idea de los abrazos a mí no me gustaba nada, en primer lugar por la cursilería, y en segundo porque no soy una persona especialmente cariñosa y odio que me abracen si no hay un interés sexual de por medio. La “crisis de los titiriteros” nos ha confrontado con nuestra naturaleza más profunda: somos la capital del esperpento y la mala leche. Madrid es canalla, y sólo puedes quererlo si le coges gusto a su tacto rasposo y al aroma grasiento de los bocatas de calamares. Cuando yo era niño nos odiaban en toda España, a los madrileños, por la chulería. Han sido necesarias cuatro décadas de campañas institucionales, de Tierno a Gallardón, para que nos convenzamos de que Madrid es una ciudad acogedora, amable, casa común de todos, donde los pajaritos se posan en las manos de los viandantes y los camareros te sirven el café con una sonrisa y una canción. Pero en el Madrid que yo conozco las palomas son unas mutantes drogadictas y los camareros te responden al buenos días con un “lo serán para usted”.

En la “crisis de los titiriteros” — sólo escribir el nombre es una ducha de agua fría para los que creíamos que esto tiene arreglo — ha habido tres víctimas: los dos autores, que no pagan por un delito, inexistente, sino por una forma de hacer política en la que andan embarrados todos los partidos, y nosotros, los ciudadanos, víctima colectiva, que nos hemos visto obligados a escoger entre ser o muy malos o muy tontos, o ambas cosas a la vez. Lo siento sinceramente por los dos primeros, que son daños colaterales en sórdidas luchas de poder. Y los victimarios, los culpables, son todos los implicados en este juego de los disparates.

Las guerras culturales, expresión que ha saltado enseguida a la palestra, consisten en eso: “se obliga a los sujetos no sólo a actuar, sino a imaginar su acción dentro de una estructura fantasizada. Dicha estructura, cuyo soporte son los contextos institucionales de todo tipo, puede obligarnos a ocupar la posición normativa, (…), la posición “alternativa” sancionada institucionalmente (…) o incluso instancias opositoras." [1] Esta forma de hacer política, y que nos guste o no está implícita en la noción de “casta” propugnada por Pablo Iglesias, no plantea un debate racional sobre los asuntos que realmente tienen importancia (corrupción, sanidad, educación, derechos sociales, contaminación, política fiscal, movilidad), sino que exige adhesiones a identidades simplificadas; ahí está lo cultural. Este marco ideológico, esta estructura fantasizada, permite fusionar multitud de cuestiones trascedentes e intrascendentes en una narrativa coherente y sencilla. Si defiendes a los titiriteros eres abortista, etarra, lesbiano y tienes piojos. ¿Quién quiere ser todo eso? Preferimos abandonar una libertad tan básica como es la de expresión antes que vernos reflejados en semejante espejo. Así entre nos, a mí me han “presionado” bastantes veces por lo que escribo y ocupo un lugar privilegiado en las listas negras del Ayuntamiento y la Comunidad, sin que importe mucho quien gobierne. Quiero decir que el desprecio a los derechos recogidos en la Constitución no me sorprende, porque eso por desgracia es la norma. Es su transformación en espectáculo mediático, o en guerra cultural, lo que marca un antes y un después.

Yo no tengo mucho que aportar al meollo de este asunto. Deseo, como casi todo las personas que conozco, que sean absueltos los dos titiriteros, César Strawberry, las hermanas del Santo Coño de Sevilla, Abel Azcona y todos los que vengan detrás. Además deberían ser indemnizados, porque en algunos casos se ha infligido un daño que exige reparación. Pero me siento un poco como las Miss Universo cuando desean la paz mundial. Dicho esto, lo que me interesa es analizar el conflicto que se ha detonado en el proyecto cultural de Carmena. Porque lo que ha ocurrido en primer término es que el discurso del Ayuntamiento de Madrid sobre la cultura se ha roto. Se ha quebrado desde dentro sin ninguna posibilidad de que pueda ser reconstruido. Esto es complicado y puede tener resultados demoledores para el tejido creativo de la ciudad, que a duras penas ha sobrevivido a los 25 años de gobiernos del Partido Popular.

¿Qué es lo que se ha roto? La política cultural del Ayuntamiento se basaba en dos premisas erróneas: que hay algo como una cultural popular y que se puede convocar a toda la sociedad a un mismo diálogo. Perdidas estas bases, o acometen una reformulación profunda de sus planteamientos, o se enrocan en la ficción y van excluyendo a los sectores de la sociedad que no encajan en su esquema hasta quedarse aislados. Me temo que la segunda opción es mucho más posible, porque el problema de una parte substancial de la izquierda es que tiene un discurso tan compacto y coherente que a veces se ve obligada a prescindir de la experiencia, de la práctica, porque la vida está llena de contradicciones. El discurso acaba por convertirse en una zona de confort donde uno escapa del sinsentido de nuestra existencia. ¿Serán capaces de abandonar de su zona de confort?

Pero antes de nada voy a fundamentar las afirmaciones anteriores:

El término cultura popular invoca una categoría política inexistente: el pueblo. Una comunidad basada en rasgos identitarios compartidos, como la lengua, la nación, la religión… Su reducción a una difusa clase trabajadora es aún más irreal. Hace tiempo que el pensamiento más avanzado de la izquierda ha desechado esta categoría proveniente del Estado nacional burgués, que necesitaba ofrecer sensación de pertenencia a su fuerza laboral. Los grandes teóricos que han inspirado a la llamada nueva izquierda (Negri, Hardt, Lazzarato…) hablan de la necesidad de crear un nuevo sujeto político que no se base en una subjetividad colectiva unificada, sino en una colección de singularidades. Nuestro mundo es el de la multitud, una categoría acorde con la fragmentación cultural y laboral de las sociedades actuales. Con la movilidad y el desarraigo. Para mí es extraña la insistencia en una cultura popular, cuando deberíamos estar hablando de las culturas de la multitud. Muchas culturas, con frecuencia en conflicto, que dan lugar a públicos y contrapúblicos también múltiples. En conclusión, las que pretenden implementar son políticas que se dirigen a un público imaginario, el pueblo de Madrid, y que en consecuencia excluyen a una infinidad de contrapúblicos que sí existen y actúan. Lo que ocurre en esta situación es que se ven compelidos a construir la cultura popular y su público unificado a partir de retazos de categorías políticas agonizantes. Hasta ahora lo que hemos visto son gestos, una escenificación de la cultura. “Estas instituciones que buscan, cada vez más, satisfacer a las masas, están en un error cuando olvidan que se les ha encomendado que ofrezcan espacio para una cultura pública, en toda su complejidad discursiva, y en lugar de ello pretenden representar cultura para el público". [2]

(Aviso al margen: uno de los fantasmas que se perfilan en estas brumas es el del casticismo, que se presta mejor que cualquier otra figura para rellenar el vacío de manera aconflictiva.)

El primer error, confundir la sociedad actual con los viejos pueblos nacionales europeos, o peor, con una abstracción del proletariado del siglo XIX, les lleva de manera automática al segundo: convocar a la sociedad en su conjunto para debates abiertos, como si todos hablásemos el mismo idioma. No es así, la lengua de la multitud es la de Babel. Estamos condenados a no entendernos. Incluso en los cenáculos de Ahora Madrid y Podemos se habla una neolengua de florida retórica que uno debe dominar si quiere hacerse respetar en las asambleas. Pero la suposición de que exista una unidad esencial de todos los madrileños les ha llevado a desarrollar un modelo de participación asambleísta que está fracasando de manera sistemática. La sociedad se organiza por un lado (pongo por ejemplo nuestra Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid), y ellos convocan por otro en foros a los que no queremos asistir, porque se nos exige la renuncia previa a nuestro lenguaje, a nuestras razones y a nuestros saberes. La cuestión es muy sencilla: ¿debo renunciar a mis 25 años de experiencia, a los miles de páginas de literatura especializada que he leído, y escrito, a las lenguas extrajeras que he aprendido, a mi conocimiento del juego sucio en las instituciones etc., para participar en un debate desarticulado sobre la cultura con ciudadanos especializados en otros campos, o en ninguno? Pues no quiero, porque aunque la cultura sea cosa de todos, como la educación, la sanidad, el urbanismo, etc., para el desarrollo de las respectivas políticas hacen falta foros especializados. Es tarea de los representantes electos el articular estos foros especializados con el resto de la sociedad y gestionar el conflicto.

No me voy a extender mucho. Tengo varias páginas de notas vinculadas a este texto, pero creo que debo centrarme en lo esencial. Y lo esencial es si queremos que en Madrid haya — entre otras — una cultura independiente, experimental, transgresora, que pueda establecer redes con los espacios y organizaciones del mismo tipo que abundan en el resto de Europa y del mundo, y contribuir en la medida de sus posibilidades a que la ciudad que habitamos nos ofrezca las experiencias y conocimientos nuevos que necesitamos para aprender, para crecer como personas, para construir nuestra visión y nuestro lugar en el mundo. Lo esencial es si queremos una ciudad de grandes desafíos intelectuales, o si vamos a quedarnos con la de charanga y pandereta que nos han legado los anteriores gobiernos municipales.

Pues bien, si lo que queremos es un Madrid revolucionado y revolucionario, lo público, lo institucional, tiene que empezar a disolverse en lo civil, en el tejido cultural. La idea de producir cultura desde las instituciones pertenece, como la cultura popular, a la época de la Ilustración. Hace ya 25 años que empezó a circular la noción de rizoma. Y el rizoma está, actúa, crece bajo la tierra y emerge por donde puede. Si la política cultural del Ayuntamiento sigue basada en en gestos como los que hemos visto, enfocada al desarrollo de propuestas propias y a la provisión de contenidos para los mega-contenedores de Gallardón, chocará con la sociedad, con ese tejido creativo de Madrid que ha demostrado ser resistente (o resilente) como las malas hierbas de la meseta. Para los gobiernos del Partido Popular este choque es un objetivo, porque en su ideario la cultura emana de baluartes institucionales que controlan desde sus sillones. Así garantizan un uso patrimonial y propagandístico. El tejido creativo ha sido y es tratado como un enemigo por parte de las administraciones públicas gobernadas por ellos. Pero para Ahora Madrid, para la izquierda en general, debería estar claro que la cultura es un espacio de conflicto donde la sociedad tiene toda la iniciativa. La sociedad civil, no el gobierno y sus instituciones.

Estimada Manuela Carmena: las guerras culturales han llegado para quedarse. Luchemos y ganémoslas, pero no en el campo del enemigo, sino en el nuestro. Porque a esta ciudad hay que darle la vuelta como a un calcetín, y una gran mayoría de madrileños, votantes o no de Ahora Madrid, queremos y trabajamos por el cambio.

[1] Yúdice, George
El recurso de la cultura
Gedisa, Barcelona 2002
Pág 69
[2] Those institutions that increasingly seek to crow-please are at fault when they forget the fact that they are tasked with providing a space for public culture, in all its discursive complexity, and instead seek to represent “culture to the public”.
Drabble, Barnaby. On De-Organisation.  En Self-Organized. Hebert, Stine y Szefer Karlsen, Anne eds. Open Editions/Hordaland Art Center. London 2013. Pág 20.